Divorciadas. Viudas. Madres solteras. ¿Qué tienen en común casi todas estas mujeres? Que están solas ante la enorme responsabilidad de criar a sus hijos. Existen muchos hogares donde la mujer, por diversas razones, se ve obligada a mantener sola a su “familia incompleta”, debido al abandono del hombre. Los problemas propios de esta ardua tarea representan para estas mujeres, ansiedad, soledad, sufrimiento, frustración, lágrimas y sobre todo, una lucha constante para lograr sus metas en la vida. 

Cuando enfrentamos las dificultades y crisis en la vida, es fácil pensar que Dios está distante y que nos ha abandonado a nuestra propia suerte. También es fácil sentirnos incapaces de superar nuestro dolor y nuestra depresión. 

Criar a los hijos es una ardua responsabilidad y aún más si se trata de una madre soltera. Dios tiene a todas las madres cerca de Su corazón. Pero le duele ver tantas “familias incompletas”. Por eso envió a Su Hijo Jesucristo a fin de perdonarnos nuestra errónea manera de pensar y actuar, y rescatarnos de nuestra angustia y soledad. Confiando en Cristo y aprendiendo con Su guía a enfrentar las responsabilidades, las madres solteras podrán renovar su capacidad de desenvolverse con dignidad, propósito y esperanza. 

Ánimo, madres solteras. ¡Póngale corazón a su maternidad! Es verdad que las cargas sobre una madre soltera son más intensas que aquellas que soportan los padres que viven y trabajan juntos en la crianza de sus hijos. Pero recuerda, tus alegrías pueden ser doblemente grandiosas también; tus hijos no tienen porque heredar tus frustraciones. Tus lágrimas no serán en vano.

Fuente: Extracto del folleto Madres Solteras 

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